Julio no es un mes vacío para la fruta chilena: es el momento en que los datos, el agua, la logística y la lectura de mercado empiezan a ordenar la próxima temporada.
La diversificación no es una consigna elegante: es una forma de reducir riesgo cuando una especie, una ventana o un destino concentran demasiado poder.
La fruticultura moderna se volvió demasiado técnica para depender solo de intuición: capacitarse en riego, poscosecha y calidad ya es parte del negocio.
Antes de que el comprador reclame o felicite, el control de calidad ya leyó la fruta: su trabajo convierte observación técnica en decisiones comerciales.
El jefe de packing vive en el punto donde se encuentran biología, presión comercial, personas, máquinas y tiempo: su trabajo puede salvar o perder una temporada.
La industria frutícola habla de tecnología, mercados y logística, pero cada temporada sigue dependiendo de personas capaces de cosechar a tiempo y con calidad.
América Latina conquista el 25% del mercado mundial de frutas. México, Chile y Perú se posicionan entre los gigantes exportadores de la región.
Destacados entre...
Nísperos, duraznos y naranjos, entre otros, crecen y dan frutos en los patios de quince establecimientos educacionales y en los jardines de siete familias...
Generar nuevos negocios, abrir mercados y también potenciar las exportaciones existentes, fueron parte de los objetivos de la e-Rueda de Negocios, dirigida a los...