La sequía obliga a la fruticultura a revisar una pregunta que antes podía resolverse con una rutina fija: cuánta agua necesita realmente el huerto y cuándo debe recibirla. Producir calidad con menos agua no significa cerrar una válvula sin medir las consecuencias. Significa mejorar la relación entre disponibilidad, demanda del cultivo, suelo, raíces, infraestructura y decisión agronómica. La eficiencia hídrica es una forma de manejar mejor el recurso, no una carrera por aplicar el menor volumen posible.
El diagnóstico comienza con la fuente. Un predio necesita conocer la disponibilidad estacional, la seguridad del abastecimiento, el caudal, la calidad del agua y la energía requerida para llevarla al cultivo. Un sistema de riego puede estar técnicamente instalado y no responder bien si la bomba trabaja fuera de su rango, el filtro está sucio o la presión cambia entre sectores. Antes de programar, hay que saber qué capacidad tiene el sistema y en qué condiciones entrega el agua.
El suelo cumple una función de almacenamiento y distribución. Textura, estructura, compactación, materia orgánica, drenaje y profundidad efectiva cambian la cantidad de agua disponible para las raíces. Dos sectores con el mismo número de goteros pueden necesitar decisiones diferentes si uno retiene más y otro pierde rápidamente por percolación. La observación de humedad y raíces ayuda a comprobar si el agua está llegando a la zona que realmente sostiene la planta.
La demanda del cultivo se puede estimar con información meteorológica y agronómica. Evapotranspiración, etapa de desarrollo, cobertura, superficie foliar y condiciones de viento o temperatura influyen en el cálculo. La CNR ofrece una calculadora de riego que utiliza datos de estaciones meteorológicas del INIA y orienta el tiempo de riego según cultivo, etapa y territorio. Es una herramienta de apoyo, no un reemplazo de la verificación en terreno ni del conocimiento del predio.
La uniformidad es tan importante como el tiempo de riego. Si algunos emisores entregan más y otros menos, el promedio puede parecer correcto mientras las plantas reciben condiciones distintas. Revisar presión, caudal, obstrucciones y distribución por sectores permite encontrar pérdidas que se repiten durante semanas. La mantención preventiva suele ahorrar agua y energía porque evita compensar con tiempos más largos un sistema que está aplicando de manera desigual.
La telemetría puede ayudar a responder antes. Sensores de humedad, medidores de caudal, estaciones meteorológicas y registros de presión entregan señales que permiten revisar una programación. Su valor depende de la ubicación, la calibración y la interpretación. Un sensor mal instalado puede producir una seguridad falsa. La empresa debe relacionar sus datos con excavaciones, observación de raíces, estado de hojas, crecimiento y condición de la fruta.
El déficit controlado puede ser una estrategia en ciertas especies y etapas, pero requiere conocimiento de variedad, suelo, clima y objetivo comercial. Aplicarlo como una receta general puede afectar calibre, firmeza, rendimiento o la salud de la planta. La respuesta frente a la escasez debe priorizar los momentos críticos y proteger la producción que tiene mayor valor, siempre dentro de los límites fisiológicos y productivos del cultivo.
La infraestructura también ofrece oportunidades. Estanques, conducción cerrada, filtración, sectorización, automatización y energía fotovoltaica pueden mejorar la continuidad, pero cada inversión debe analizarse junto con costo, mantención y capacidad del equipo. La CNR ha informado proyectos que combinan tecnificación, seguridad hídrica y energía limpia, mostrando que la adaptación puede ser productiva cuando se conecta con un diseño completo y con apoyo técnico.
Producir calidad con menos agua exige trabajar con indicadores: agua aplicada por sector, energía por volumen bombeado, uniformidad, humedad, rendimiento vendible y condición de fruta. Un menor consumo no es un éxito si aumenta descarte o reduce vida comercial. Del mismo modo, un rendimiento alto no es suficiente si depende de una extracción que el predio no puede sostener. La decisión debe mirar agua, productividad, calidad y continuidad como un mismo sistema.
La sequía cambia la forma de planificar la fruticultura. El riego debe iniciar con un diagnóstico, seguir con mediciones y terminar con una revisión de resultados. La tecnología ayuda, la infraestructura importa y el conocimiento del cultivo resulta indispensable. Una empresa que aprende a usar cada litro con precisión puede proteger la calidad y la viabilidad del huerto, siempre que entienda que la eficiencia no está en regar menos a cualquier precio, sino en regar mejor.
Fuentes consultadas: CNR, calculadora de riego y datos meteorológicos; CNR, Cuenta Pública Participativa 2026; INIA, herramientas digitales para la gestión del riego.


