La cereza chilena sigue siendo una fruta extraordinaria, pero el mercado ya no permite vivir solo del entusiasmo: calidad, diversificación y lectura comercial mandan más que nunca.
El volumen exportado puede impresionar en una estadística, pero el resultado real se decide en precios, costos, calidad de llegada, oportunidad comercial y retornos al productor.
La fruta no deja de estar viva cuando se cosecha. Respira, pierde agua, madura y se deteriora; la cadena de frío es la forma de administrar esa vida durante el viaje comercial.
La industria frutícola chilena entra a la segunda mitad de 2026 con una lección clara: el volumen sigue importando, pero la calidad, la diversificación y el retorno pesan cada vez más.
“Si Chile depende del comercio exterior y la fruta es uno de sus sectores estratégicos, la planificación portuaria debe asumirse como una prioridad nacional”,...
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