En un huerto, hablar de eficiencia hídrica suele llevar la conversación hacia caudales, tiempos y emisores. Es una parte esencial, pero existe otra variable que puede cambiar por completo el resultado: la calidad del agua. La Comisión Nacional de Riego abrió el concurso nacional 21-2026 para financiar obras y tecnologías orientadas a mejorar la calidad del agua de riego, con recursos específicos para Atacama y Coquimbo. La convocatoria muestra que ahorrar agua y proteger el sistema de riego son tareas que deben pensarse juntas.
El agua puede transportar sales, sedimentos, materia orgánica y otros elementos que afectan suelo, raíces, filtros y emisores. El problema no siempre aparece como una falla repentina. A veces se acumula lentamente: un filtro se ensucia más rápido, la presión cambia, algunos goteros entregan menos caudal y una hilera empieza a crecer de forma desigual. Cuando el productor observa el efecto en la planta, la causa puede estar repartida entre la fuente, la conducción y la mantención.
El diagnóstico comienza con un análisis representativo. La muestra debe tomarse con un procedimiento consistente y relacionarse con la fuente, la época y el punto de aplicación. Un resultado aislado no explica toda la temporada, especialmente si el agua cambia después de lluvias, extracciones o mezclas de fuentes. Conviene registrar pH, conductividad eléctrica, sólidos, bicarbonatos y otros parámetros definidos por el asesor y el laboratorio. La información permite priorizar inversiones y evitar soluciones genéricas.
La filtración debe dimensionarse según el agua, el sistema y el cultivo. Un equipo demasiado pequeño genera limpieza constante y pérdidas de presión; uno sobredimensionado puede encarecer la instalación sin resolver el problema que realmente importa. La selección de filtros, válvulas, bombas y tuberías debe considerar caudal, presión, automatización, energía y disponibilidad de repuestos. El diseño técnico termina de cumplir su función cuando existe una persona que sabe operarlo.
La uniformidad es una medida concreta de eficiencia. Si un sector recibe más agua que otro, el promedio del predio puede parecer correcto mientras algunas plantas sufren déficit y otras reciben un exceso. Revisar emisores, presión y tiempos ayuda a encontrar esa desigualdad. La telemetría puede advertir cambios antes de que sean visibles, pero también es posible empezar con mediciones manuales bien tomadas. Lo importante es convertir la sospecha en evidencia.
El suelo completa la ecuación. Una misma cantidad de agua puede comportarse de forma distinta en un terreno arenoso, arcilloso o compactado. La profundidad de las raíces, la materia orgánica, el drenaje y la demanda atmosférica determinan cuánto queda disponible para la planta. La programación de riego necesita considerar esos factores junto con etapa fenológica y clima. Abrir el riego por costumbre es menos preciso que responder a la condición real del sistema.
La energía también entra en la cuenta de sustentabilidad. Bombear, filtrar y presurizar agua tiene un costo económico y ambiental. Un equipo mal regulado puede consumir más electricidad y entregar una distribución inferior. La CNR ha vinculado la tecnificación con eficiencia, seguridad hídrica y competitividad, pero la tecnificación no debe reducirse a instalar componentes. Incluye selección, calibración, mantención, capacitación y evaluación del resultado.
La convocatoria de la CNR para Atacama y Coquimbo considera proyectos que ayuden a mitigar contaminantes y fortalecer el uso eficiente del recurso. Para un productor, eso significa revisar bases, requisitos, propiedad, diseño y calendario antes de postular. Para un proveedor, significa ofrecer una solución que pueda justificarse con mediciones y operar durante años. El proyecto debe describir el problema real, el beneficio esperado y la forma de verificarlo.
La calidad del agua también se relaciona con inocuidad. El cultivo entrega alimentos y la fuente debe manejarse con criterios que protejan la producción y a quienes la consumen. El control de riesgos no termina en el estanque: incluye tuberías, fertilización, limpieza, personal y registros. La coordinación entre agronomía, riego, calidad y prevención permite observar el sistema completo.
El agua de riego deja de ser una cifra abstracta cuando se ve en un filtro, una raíz o una fruta desigual. Planificar su calidad y su eficiencia al mismo tiempo permite invertir con más criterio, reducir fallas y sostener la productividad frente a una disponibilidad incierta. La mejor tecnología no es la que promete más sensores, sino la que ayuda a entregar el agua correcta, en el lugar correcto y con una operación que el predio pueda mantener.
Fuentes consultadas: CNR, concurso 21-2026 de calidad de aguas; CNR, riego tecnificado y competitividad; CNR, datos de demanda de riego.


