La fruta fresca no viaja sola: la acompañan temperatura, certificados, inspecciones, tiempos portuarios y una coordinación que solo se nota cuando se rompe.
Julio no es un mes vacío para la fruta chilena: es el momento en que los datos, el agua, la logística y la lectura de mercado empiezan a ordenar la próxima temporada.
La industria frutícola habla de tecnología, mercados y logística, pero cada temporada sigue dependiendo de personas capaces de cosechar a tiempo y con calidad.
La industria frutícola chilena entra a la segunda mitad de 2026 con una lección clara: el volumen sigue importando, pero la calidad, la diversificación y el retorno pesan cada vez más.
La agricultura y fruticultura chilena enfrenta un déficit histórico de entre 100.000 y 150.000 trabajadores temporeros, para la producción de los productos de consumo...
La temporada 2026-2027 llega con una conversación menos centrada en crecer por volumen y más enfocada en calidad, agua, adaptación climática y diversificación.